29 de noviembre de 2005

El Bordo festejó en Flores

La banda de Ale Kurz dio un gran show, muy festejado por los seguidores

Rivadavia al 7800, viejo Teatro Fénix, remodelada disco Retro hoy el Teatro Flores, una esquina con historia que quiere volver a hacer historia.

La cita era con El Bordo, banda nacida allá por el año 98, que cuenta con un par de demos y dos discos de estudio, "Un grito en el viento" y "Carnaval de las heridas". Desde aquellos primeros pasos en los escenarios ha pasado mucho tiempo, y por hacer las cosas bien, crecieron musicalmente y en convocatoria.

Compartir fechas con Callejeros, La Covacha, La Renga, entre otros, los marcó en el camino musical y la propuesta estilística que hoy encontramos en cada show de la banda. La hora indicada se atrasó, pero el ambiente calentaba motores al ritmo de clásicos del rock argento como "Ji, ji, ji" o algún sonido más barrial de grupos que hoy luchan por llegar, y si ésta gente los apoya, seguramente van a llegar alto.

Pasadas las 21:30 se corrió el telón, el humo artificial invadió el lugar y "AC MC" abrió el fuego de un escenario liderado por Ale Kurz en guitarra y voz, y una bandera gigante a modo de escenografía mostró un excelente dibujo. A su derecha otro Kurz, en este caso Diego, se encargaba de la guitarra, al otro extremo Pablo Spivak aplastaba con el bajo y al fondo, por encima de todos, Miguel Soifer machacaba desde la batería.

"Escupiendo verdades" caló hondo en el corazón de los presentes y se cantó tal cual un himno. Pero de pronto un susto hace parar a la banda: los asistentes de la primera fila creen ver algunos chispazos en el cableado eléctrico y por un minuto el síndrome Cromañon se hizo presente. El mismo vocalista se encarga de apaciguar los ánimos dejando claro que es el reflejo de un ventilador y la fiesta tomó nuevamente su rumbo, para no detenerse más.

De esa manera encontraremos mucha gente tocando como miembros estables o invitados. Es el caso de Leo Kohon, armoniquista que luce poniéndole brillo al asunto. Otro que saca patente de garantizado es Ezequiel Puga desde la percusión, al igual que los caños que entran y salen de escena.

El musiquero se mueve entre la distorsión del rock, los bombos de la murga, una pizca de folclore y mucho canto y baile que duraría más de 23 temas con momentos muy interesantes. Uno de ellos se dio casi el final del show, cuando una bella "niña" en paños menores entrara al tablado a bailar sensualmente el "Blues de Matanga" y hacer enardecer a la platea masculina.

"Los Perdidos" marcó el final que se dio entre gracias y reciprocidad grupo-espectadores que colmaron las instalaciones y prometieron repetir. El Bordo es realidad. Convoca, mueve, fusiona, se anima a salirse de los parámetros, suena muy bien. Una linda propuesta de rock para despuntar el vicio. Como anécdota, queda la de un aficionado paseándose en medio del pogo en calzoncillos. Un verdadero grande.

Juan Pablo Bravo

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