6 de febrero de 2006

La banda nueva



De rockear en el gimnasio del colegio Pellegrini a convocar tres mil personas en un fin de semana: El Bordo y la última gran pegada del rocanrol barrial POR NATALI SCHEJTMAN

No es que se muestren inquietos ni que transmitan un espíritu de ansiedad amateur durante la entrevista. Más bien parece que, sentados como están enla terraza de la sala de ensayo de Almagro, alrededor ed una Coca-Cola que ayuda a atenuar el clima vaporoso de Buenos Aires, los tres integrantes de El Bordo que dialogan con ROLLING STONE toman este encuentro como uno más de los múltiples indicios de popularidad que todavía resuenan con una mezcla de sorpresa, orgullo y timidez. Así, eligen minimizar las variadas anécdotas con fanáticos-ellos prefieren conocer y charlas con sus seguidores-, comunican con algo de vanagloria la decisión de sacar de forma independiente el próximo disco (el tercero, después de Carnaval de las heridas y Un grito en el viento,que sale entre marzo y abril), se muestran carismáticamente desconfiados con respecto a las interpretaciones que el periodismo puede hacer de sus declaraciones y comentan simpáticos reparos frente al momento fotográfico (al principio dicen que sólo quieren mostrarse "tocando", como los Redondos y La Renga).

Sucede que 2005 fue un año de crecimiento initerrumpido para El Bordo. Mientras que los nueve integrantes pudieron observar cómo los pogos iban haciéndose cada vez más nutridos y festivos, la artillería iconográfica en mochilas y remeras se multiplicó en torsos juveniles( con una convocatoria actual de tres mil personas y en ascenso, probada en dos dobletes en 2005: en El Teatro de Colegiales y también en el de Flores).

Se los ve excedidos de felicidad: así como en vivo Ale Kurz, cantante y guitarrista, desborda en agradecimiento al público, en la entrevista tampoco escatima satisfacción. Luego de relatar los pormenores de la última fecha del año a beneficio de la asociación civil A Todo Corazón - en la que llevaron mil personas sin más publicidad que un cartelito en su página oficial- concluye: "Tocar y encima poder ayudar sin ninguna difusión más que el contacto directo...Eso para nosotros es el éxito".

La historia cuenta que los cuatro integrantes originales de El Bordo (Alejandro, Pablo Spivak,bajista, el baterista Miguel Soifer y el mánager Mariano Botti) y la mayoría de los que vinieron después (el percusionista Exequiel Puga, el guitarrista Diego Kurz, hermano de Ale, el saxofonista Sebastían Notte, Leo Kohon, armoniquista, y otro manager, Gabriel Candal) se conocieron en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. En la tradición de bandas con nombres que designan un mundo específico -Callejeros, La Covacha, Jóvenes Pordioseros-, El Bordo es un homenaje involuntario al Bordolino, conocido vino barato en tetra-brick. Para ellos, se justifica con una anécdota de amigos que mezcla el debut alcohólico adolescente, simpatía por la palabra y una necesidad apresurada de bautizarse, bajo la presión de una presentación en el cumpleaños de un amigo. Allá por 1998, cuando estaban en tercer año del colegio y tenían 15.

Su carrera como banda de secundaria, ya con algunos temas propios, incluyó fiestas, algunas fechas propias y algo llamado Pellerock,una especie de versión criolla y menos institucional de esos festivales tipo Escuela de Rock, pero sin competencia y con más espíritu de antro(se hacen en el gimnasio del colegio), por el que desfilan bandas con poca trayectoria y muchas ganas de tocar covers.

El Bordo fue una excepción: a más de siete años de su estreno, tiene cada vez más resuelto ese momento de transición en que la música deja de ser un hobby para ser, desde hace unos cino años, un proyecto serio. En el medio, hubo ayudas, contactos y conversaciones que funcionaron de compuerta de ingreso en el circuito rockero y egreso de su acobijado mundo estudiantil. Entre lo nombres, aparecen La Renga(banda a la que sigue El Bordo desde siempre), Gardelitos, con los que encontraron una aceitada afinidad musical, y Callejeros. De hecho, recuerdan las palabras proféticas del Tete con respecto al público: "Es más difícil llegar de 0 a 200 que de las 1000 a las 10mil". Y mencionan a Pato Fontanet como referente de una forma de trabajo.

El Bordo parece seguir la tradición de lo que se llamó rock barrial, aunque con todo lo heterodoxo que puede reunir un exponente de la última generación, como haber nacido en barrios céntricos de la Capital (¡con Palermo como base!)y haber sido seguidores adolescentes de las bandas que definieron el géneros, entre otras cosas. Mientras la voz carrasposa de Ale Kurz recuerda en parte a la de Chizzo (aunque es bastante más juvenil y azucarada), también flirtean con el tango, y la percusión candombera les aporta un aire latinoamericano, todo atravesado por una potencia muy masculina, que en los shows es evidente, y guitarras en papel protagónico. Las letras, escritas por Kurz (autor de todos los temas, que los trae tarareados para que todos juntos los hagan avanzar) recorren veredas en un año particularmente metarrockero.

Miguel planta un panorama actual: "Yo creo que el rock barrial es un término que engloba una banda no tanto por la música que hace sino por el público que lleva, y eso no es algo con lo que esté de acuerdo. Dentro del público hay dos tipos de movidas: por un lado, la gente que te sigue a todos lados. Y no es casualidad que esto pase en bandas con cierta ideología,compromiso,como La Renga...Por ese lado está todo bien. Pero cuando la bandera o la bengala(antes) pasa a ser más importante que la música, ahí yo no comparto".

El tema del público tiene también una impronta fuerte en el discurso de la banda. Prefieren evitar las historietas de adolescentes que hacen un arduo trabajo de investigación para llegar a la sala de ensayo y hacerse firmar el disco o la remera, pero se ocupan de aclarar, ante cualquier suposición, que cuando están sobre el escenario no se piensan iguales a quienes los van a ver, porque saben que tienen un cierto poder, responsabilidad y porque ellos son los que están dando el espectáculo. Aunque eso se termina cuando bajan : "Porque cuando estamos abajo somos público de rock".

Para el último show del año pusieron en práctica un sistema que podría sentar las bases de un tipo de relación particular en la era pos Cromañón: desde su página web llamaron a los seguidores a dejar sus banderas en Locuras, asegurándoles que se las devolverían ignifugadas, así las podían llevar al show. La convocatoria fue un éxito. Según ellos, eso tuvo que ver con el lema de la propuesta: Por un rock con banderas.

Estas conclusiones tienen mucho de think in progress después del sismo, sobre todo para ellos que por amistad y vínculo profesional se sienten ciertamente emparentados con Callejeros (El Bordo, incluso tocó en una de las marchas de Tapiales). Ellos creen que el incendio de Cromañón les podría hbaer pasado a ellos, eligen la palabra "responsabilidad" (y no "culpabilidad") para Callejeros y Miguel se detiene para hablar de las bengalas: "No me da miedo decir que prendían bengalas y,mucho menos que me encantaba que las prendieran", dice con algo de irreverencia, criticando la hipocresía de algunas bandas que nunca pararon un show por ese motivo. Ahora, dice, "es ilógico que alguien vaya a prender una bengala en un lugar cerrado, y en un lugar abierto también, por respeto".

Llega el resto de la banda. Se vienen fechas en Mar del Plata, y Gesell Rock (adonde "gente amiga" de la banda planeaba llevar micros). Las expectativas alrededor del disco son muchas: decidieron planearlo sin compañía, así como también le dijeron que no al Pepsi Music; y lo cuentan con el orgullo del que puede negarse, después de haber sido negado.

Así, tras un cierre de 2005 alto, el pronóstico 06 indica fuertes lluvias de vino en caja, disco nuevo y shows por fotoduplicación. ¿Por qué? El Bordo dice tener un buen argumento: "Hacemos El Bordo para tocar la música que nos gustaría escuchar".

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